El hombre débil. Capítulo 1. El sencillo arte de dominar al hombre.
Era una fría tarde de invierno. Comenzaban a caer unas gotas de lluvia. Yvonne, una amiga de Anne, apuraba los restos de un capuccino en la terraza de una cafetería. Ya estaba apunto de marcharse cuando apareció por la puerta Anne. Las dos se saludaron cariñosamente. Yvonne le preguntó a Anne que le contara de su vida, que hacía semanas que no sabía nada de ella, a lo que Anne le respondió, que fueran dentro para no mojarse con la lluvia y le contaría. Yvonne le preguntó que si tan importante era lo que le tenía que contar, a lo que Anne respondió, por descontado que si pues había capturado un nuevo trofeo, y que si quería la llevaría a visitarlo y le mostraría lo que había conseguido hacer con él. Yvonne no sabía muy bien a qué cosa se estaba refiriendo Anne, por lo que le pidió que por favor le aclarase esa historia. Anne, sonriendo malvadamente, levantó la mirada hacia Yvonne y le explicó que había seducido a un joven, le había descubierto una gran debilidad, y pensó en aprovechar esa debilidad para dominarlo y esclavizarlo, que siempre había soñado con poseer en cautiverio a un joven, privarlo de la libertad, y utilizarlo a su antojo para su placer, domarlo y anular toda su voluntad. Yvonne, muy sorprendida, le preguntó que cómo le había sido posible conseguir eso. Anne, respondió, que ese joven era muy fácilmente controlable. Yvonne pregunto que cómo. Él adora mis pies, respondió, y el resto se consigue mediante una masturbación controlada hasta el punto de que obedece todos mis deseos sólo por sentir y notar mi mano doblegando su sexo, o puedo inundar su paladar del sabor de mi pie sudado y eso es una atadura más fuerte que la más gruesa de las cadenas. Yvonne no salía de su asombro ante la historia que le estaba contando Anne. Siéntate Yvonne, dijo Anne con su permanente sonrisa malévola, y te contaré cómo he sometido a mi nuevo esclavo, y si te gusta lo que cuento, luego te llevo a verlo, y si te apetece te dejo que le azotes o que le hagas suplicar ordeñando su pene a cuatro patas que yo se que te gusta humillar así a tus hombres. Oh sí, Anne, me encanta tener a un hombre a cuatro patas y humillarlo y hacerlo gemir mientras le ordeño su pene, me gusta hacerlo temblar y suplicarme que no pare, sobretodo si es un hombre más joven que yo, y hacerle ver de mi superioridad, y que yo soy la que manda sobre él. Bien Yvonne, le respondió Anne, puesto que ya te has calentado, empezaré por contarte cómo empecé a seducirle